Habia llegado con tiempo y eso
la hacia estar aún mas nerviosa, ese
tren cambiaría su vida. ¿ a mejor ? ¿ a peor ?. ….Sólo veía campo, grandes
extensiones planas hasta donde alcanzaba la vista , cielos limpios y un
silencio atronador que la dejaba escuchar su conciencia. Todavía no habia nadie
esperando el tren, la estación seguía vacía, solo el revisor la miraba de
soslayo.
Todo había empezado el día de
navidad, con ese paquete envuelto en papel de llamativos colores : Era el regalo de su hermano, su único pariente
y con el que vivía,
“ Los solterones “, los llamaban en el pueblo.
La había regalado un portátil con conexión al resto del mundo y su vida
pacifica, tranquila, aburrida, se empezó a terminar aquel día.
No es que ella no hubiera
tenido pretendientes, alguno tuvo en su juventud, pero al final nunca terminaba
en una propuesta de futuro, de matrimonio, de tener a alguien al lado, decían
que era un poco seca, un poco sosa, que la faltaba algo.
Ahora había conocido a un
hombre de la capital que la decía que la llevaría a hoteles, al teatro, a
cenar….. y todo era nuevo, emocionante, ilusionante, gratificante, la escribía
mensajes que la hacían sonrojar. ¿ Sería un amor como el que ella había leido
en sus novelas del kiosko ?
El era divorciado, pasando
una mala racha de trabajo, con varios juicios pendientes por custodias, por
malos tratos, por herencias ………… cierto que tenia algunos problemas, no había
tenido mucha suerte, pero ¿ qué
importaba todo eso ?, ellos habían tenido un flechazo cibernético y contra
eso…..…. Además ella tenía unos ahorros, unas tierras que vender, todo se
podría solucionar .Ella se lo podría prestar, él era un caballero, al
principio había rechazado su ayuda, pero ella le había convencido
Lo sentía por su hermano,
estaban los dos solos viendo sus días pasar, tampoco había tenido suerte en el
amor, su única novia se fue con otro mozo de un pueblo de al lado que era mas
alto y la hacía reir.
El tren estaba cada vez mas
cerca, se oian a lo lejos sus pitidos, su llamada, la empezaron a temblar las
rodillas.
Una mano la tocó el hombro, era el cura del
pueblo, ¿ Dónde vas Mencía ?,
Padre, he conocido a un
hombre que me va a hacer feliz