martes, 27 de mayo de 2014

Atada de pies y manos

No hay nada que se pueda hacer cuando un hijo agarra con fuerza el camino equivocado, solo esperar su caida y rogar a la vida estar todavia ahi para cuando llegue ese momento poder sujetarlo.
De nada sirven las propias experiencias, las propias caidas, las de los más cercanos, ni tan siquiera la certeza de que va a suceder, ellos van de cabeza.
¿ Donde están esas manitas que se aferraban a la mía ? ¿ dónde quedaron esas miradas que te seguían hasta que desaparecías ? ¿ Y el anhelo de la espera ?
No sé donde fueron, las perdí a lo largo de los años, ahora tengo otras cosas, ciertamente no me compensan

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